lunes, 1 de marzo de 2010

Testamento Vital

Elena se marchó, dejó olvidado un cuerpo dormido. Eulalio dejó abiertas las ventanas. Ella se alejó sonriendo, imaginando mientras la tarde caía, ese camino, también el fin del trayecto. Él imaginaba dos entradas para el cielo. A ella le quedaba despedirse y arder en una estrella. A él disponer que abrieran las ventanas otra vez y le dejasen marchar, que la noche no le doliera. Aunque así, una ofrenda sin pedir a gritos la vida le trajo, su pequeño milagro. Sin embargo conocerle aquí fue todo aquello que algún día fueron y a la vez fue encontrar el tesoro que escondían los dos. A la luz de la noche se intercambiaban lloriqueos y palabras, “Duerme, mi pequeño, que en el país al que vas dormido escriben la verdadera historia los vencidos. No temas despertarte, que la luz que se cuela por el tamiz de tus sueños alumbra esta noche y limpia el cielo del mundo. Duérmete y que vuestro sueño custodie el futuro.”, hasta que bañando la noche sin luz de su utopía, su voz fue incapaz de tapar ese estruendo.
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domingo, 28 de febrero de 2010

Manuscrito encontrado en el olvido

Este segundo cuento habla de las condiciones que tienen que vivir las personas refugiadas de la guerra. De lo mal que viva la gente. La miseria, el mal vivir y la angustia que la gente refugiada de la guerra tenía que pasar. Nos quiere mostrar que en realidad, las personas que se encuentran fuera del campo de batalla de la guerra, son las que en realidad viven los efectos de la guerra y sus malas condiciones, que por tanto los muertos del campo de batalla son muertos por disparos, en cambio los muertos de las personas refugiadas son muertos per otras circunstancias.
Los sentimientos que quiere mostrar el autor con este
cuento son de desesperación, ya que tras la muerte de su mujer, Elena, esta tan mal que hasta pierde el interés por cuidar de su bebé.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Manucrito encontrado en el olvido


En éste segundo cuento del libro, Eulalio, un joven de 18 años y su novia embarazada, huyen de la guerra, y se esconden en una braña en una montaña. La joven muere durante el parto, y Eulalio decide dejar morir al bebé. Pero al final, al cabo de unos días, decide alimentar al bebé, ya que le da lástima dejarle morir.


Aunque él sabe que ambos van a morir, decide intentar salvar al niño con los pocos recursos que tiene, y que a medida que avanza el invierno, van siendo reducidos.
Esta historia fue encontrada en la braña donde vivieron el poeta y el bebé durante sus últimos meses de vida, y que el joven escribió en una libreta durante el tiempo que estuvieron allí, y que se encontró junto a los cadáveres de ambos, junto con algunos restos de la vaca, un vestido de mujer y algunas mantas.

martes, 23 de febrero de 2010

MANUSCRITO DE ESPERANZAS


El segundo cuento titulado, Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido, relata las experiencias de un manuscrito encontrado en unos archivos. Aún así, no es un manuscrito cualquiera, es un manuscrito de la mano de un poeta que no encuentra un lugar seguro o tranquilo después de la muerte de su mujer. Es un poeta con ilusiones perdidas que intenta llevar a cabo un viaje para huir del calvario pero los hechos se tuercen cuando su mujer rompe aguas en medio del camino.
El poeta se crea ilusiones inexistentes al iniciar su viaje. Después sufre una derrota, no es una derrota cualquiera, sino una derrota a colación de unos intentos de cuidar a su hijo. Unas angustias, frustraciones y derrotas personales que el poeta no puede superar. De todas formas, el poeta intenta llevar a cabo sus rutinas para decirnos que aunque la guerra haya acabado con su hijo y su mujer, no podrá acabar con la ilusión de haber sobrevivido momentáneamente a lo que se denomina una guerra.

lunes, 22 de febrero de 2010

Manuscrito encontrado en el olvido, 1940.

Han pasado tantos años que ya me cuesta leer lo que escribí hace demasiados inviernos. Era 1940 y ella murió. Nos conocimos unos años antes, casi de casualidad y nos enamoramos al instante.

Ella lo era todo para mi. No fue un bueno año. No lo fue para casi nadie. Nos vimos obligados a huir de la ciudad para ir hacia Francia, pero el camino nos costó demasiado. Y más a ella, por supuesto. Más a ella porque estaba embarazada de 8 meses y agotada por la guerra. La intenté convencer de que no viniera conmigo, pero supongo que eso es el amor. Cometer locuras. Y ella hizo una tan grande que se fue de mi lado para siempre. Pero dejó conmigo el que hubiera sido nuestro mejor tesoro... un pequeño ser humano tan frágil que después de su muerte apenas podía mirar.


Los días pasaban y nuestro refugio no era el lugar idóneo para vivir. Hacía demasiado frío y, además, estaba solo. Sin embargo ni se me pasaba por la cabeza alejar a Elena de mi. Es más, incluso me planteé dejarme morir para estar con ella... si no estaba ella ¿para qué valía yo?

Supongo que el niño lo complicó todo. Juro que yo no quería tocarle, ni mirarle... el mejor sitio donde iba a estar él era con su madre. Ella le explicaría todo lo sucedido y estoy seguro de que me perdonaría, porque entendería que era lo mejor para todos. Entendería mis razones y me daría las gracias por no hacerle vivir en una España tan cruel. Sí, estoy seguro.

El día que lo toqué por primera vez, sin embargo...

Sin embargo supe que no podía dejarle morir. Supe al instante que era su padre más que nunca. Supe al instante que él no merecía ser una víctima más de esta tontería llamada guerra. Supe al instante que yo le daría mi calor y le protegería costara lo que costara.

Fue un cúmulo de cosas. Demasiado frío, poca comida, la falta de su madre... a medida que pasaban los días lo que escribía era más difuso. Supongo que enloquecí un poco. Ver a mi amor tumbado en el suelo, blanca, fría, sin moverse... me dolía. Me dolía mucho. Pero me repetía que no podía pagarlo con el crío, que de vez en cuando sonreía. Y cuando lo hacía yo tenía menos frío.

Pasaba el tiempo recordando poemas y autores. Me ayudaban a enlazarlo todo, además mi inexperiencia como padre iba quedando a un lado cada vez que le daba un beso o le preparaba la comida. La literatura era entonces mi mejor compañera; siempre encontraba unos versos que decían exactamente la situación que estaba pasando y, aunque parezca una tontería, a mi me reconfortaba. Me sentía menos solo, aunque menos humano también.

El día en que me desperté y el bebé había muerto se me partió el corazón y estuve recogiendo los trozos durante horas. Durante esos años maduré tanto que todavía me siento joven cuando lo recuerdo. Será porque estas cosas son las que te marcan... será porque Elena y Rafael siempre estarán conmigo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Rafael. Rafael. Rafael.

Rafael. Rafael. Rafael. Y así hasta ciento diecinueve veces.
El niño al que primero iba a dejar morir se había convertido en usu única razón para vivir.

Todo comenzó cuandó murió Elena. Me sentía tan sumamente desolado que no podía pensar en nada. Me limitaba a mirar al niño sobre su madre muerta, el niño que había sido la causa de su muerte y a la vez el fruto de ésta.
No supe reaccionar, mi mundo se derrumbó al morir Elena: ya no quería seguir el camino hasta Francia, ya no sabía qué hacer con el bebé recién nacido, ya no quería continuar con mi vida... Todo había sido en vano. La huida ya no tenía sentido, no sin Elena, sin Elena no existía ningún camino que recorrer.
Al crío lo dejaría morir junto a su madre, pues ella hubiera sabido cuidarlo y lo hubiera enseñado a reír.
Todavía no me puedo creer que esté muerta. En aquellos momentos, me puse mirar al rostro pálido y sin vida de Elena sin ser capaz de reaccionar ni de fijarme en otra cosa.

Todo esto no hubiera pasado si hubieramos hecho caso a sus padres, si Elena no me hubiese acompañado en mi huida, si no hubieramos emprendido un viaje interminable estando ella de ocho meses. Si aún me sigo sintiendo terriblemente culpable, ¿cómo creéis que me sentía en aquél instante? Estaba destrozado, desconsolado, atormentado.

Después de varios días devanándome los sesos, me dí cuenta que era mi deber alimentar al niño, no podía dejarlo morir, me sentía responsable de él. Empecé a preguntarme si Elena hubiera querido un hijo derrotado y me encontré dándole a chupar un trapo mojado en leche desleída en agua.

Yo escribía poemas para explicar lo que sentía y para no sentirme tan solo. Ahora que leo lo que escribí, me doy cuenta de que la situación estaba pudiendo conmigo, pues cada vez escribía y dibujaba en mi cuaderno cosas más raras e indescifrables.
A menudo, relacionaba la literatura con la realidad nombrando a poetas y citas como "Infame turba de nocturnas aves" que todavía no sé por qué escribí aquella cita. Supongo que en aquella braña, debía ser el único medio por el cual me relacionaba con la cultura y pensar en literatura y en aquellos personajes como Lorca y Bécquer me permitía evadirme por unos instantes de la difícil situación que estábamos viviendo mi hijo y yo.
"Mi hijo". Ya empezaba a quererlo y a considerarlo algo mío. Fui sufriendo un progreso desde que empezó la historia, si se le puede llamar así, y aunque el niño acabó muriendo y yo acabé por quererlo, besarlo y ponerle un nombre: Rafael.

Los últimos días fueron los más duros, pues se notaba que Rafael tenía hambre, necesitaba calor y sobretodo aliento. Y yo no supe mantenerlo con vida aunque puse todo mi empeño en ello.
Después de la muerte de Rafael, apenas escribí en mi cuaderno, pues el lápiz terminó por acabarse después de mis garabatos con el nombre de mi hijo.

"La guerra no se da sólo en el campo de batalla". Divinas palabras.

MANUSCRITO ENCONTRADO EN EL OLVIDO


La intencionalidad del Manuscrito encontrado en el olvido es que el autor del cuaderno, escribiendo, saca su tristeza, dolor, melancolía y arrepentimiento de dentro. Estos sentimientos vienen provocados por la soledad que le ha dejado la muerte de su mujer que acababa de tener un hijo.

A veces las personas saben expresar mejor lo que les ocurre o sienten escribiendo, desahogando cada pensamiento y momento de impotencia encima de un trozo de papel. Esto es lo que hace Eulalio con el cuaderno, en él podemos ver un sufrimiento desmesurado reflejado en cada página.